Muchos consumidores se sienten atraídos por envases que pueden reutilizar e, incluso, coleccionar, dándole una nueva utilidad al contenedor del producto. Un recurso interesante para que las marcas fidelicen a sus clientes o para ampliar su público.
Según algunos estudios, un 65% de los consumidores están preocupados, a un nivel, por el envasado de los productos. Prefieren que este envase se fabrique con material reciclado y que, al mismo tiempo, puedan ellos reciclar en el contenedor correspondiente para reducir la contaminación del planeta.
De este tipo de envases, los reutilizables, es una opción que siempre ha calado en la población. Basta con recordar los vasos de cristal donde se vende la crema de cacao y avellanas “Nocilla” o los tarros donde se presenta el producto análogo italiano “Nutella”. ¿Cuántas madres han ampliado la cristalería de uso diario o el menaje de la cocina con estos envases? Tarros de cristal, que una vez agotado el producto que llevaban dentro, han servido para guardar en la despensa el arroz o la harina.
Me suena, hace tiempo, que una empresa de este tipo, vendía sus productos en envases personalizados con nombres. Veías a las madres en el supermercado buscando un vaso que llevara el nombre de su hija o su hijo. Otras, incluso, coleccionaban los vasos y se hacían con una curiosa cristalería.
Los fabricantes lo saben. El envase es un elemento que llama la atención del comprador, que diferencia a la marca de la competencia y que induce a la compra. Un ejemplo de ello son los tarros de cristal de los perfumes. Su diseño artístico forma parte del producto. Algunas mujeres, aficionadas a la alta perfumería, coleccionan estos envases, y los exhiben en su habitación, como muestra de su buen gusto y de su pasión por la moda.
El auge de los envases coleccionables.
El periódico argentino La Nación señala cómo los envases de colección atraen, cada vez más, a más clientes.
Para ello pone el ejemplo de cómo la marca Nestlé puso en marcha una campaña en Argentina por la cual vendía su leche “Nido” en unas latas, en las que, bajo la etiqueta genérica, encontrabas grabados algunos carteles utilizados por Nestlé durante el siglo XIX.
Era cómo una compra sorpresa. El comprador no sabía que lata se iba a llevar a su casa, pero ese detalle despertó la inquietud coleccionista en muchas madres. Tanto es así, que no les importaba gastarse un poco más de dinero en un producto cuyo envase podían coleccionar.
Como sucede con los sobres de cromos que compran los niños, algunos diseños se repetían con frecuencia, mientras que otros eran más complicados de encontrar. Pero ahí veías algunas de las coleccionistas, intercambiando latas de leche por internet o poniendo en marcha sistemas de compra-venta de envases en la red, como si fueran niños en el patio de un colegio.
Uno de los envases coleccionables por excelencia son las latas de galletas. Latas que, en otros tiempos, las madres usaban para guardar los útiles de costura. Su aspecto vintage y ese hilo emocional que nos conecta con nuestras abuelas, hacen que este envase continúe teniendo sus admiradores y coleccionistas, aunque vaya pasando el tiempo.
Aún hay empresas de galletas que continúan vendiendo sus productos en latas coleccionables, como “Galletas Trias”. Una empresa familiar de galletas de Santa Coloma de Farners (Girona), fundada en 1908, que se mantiene en pie después de más de 100 años debido al reconocimiento, en cuanto a la calidad del producto, que ha alcanzado entre la población catalana. Calidad que se ve reforzada por sus envases de metal de apariencia exclusiva.
Las botellas de Coca Cola.
Si hay un envase que nos ha impresionado a todos y en el que encuentras coleccionistas en todo el mundo, ese es la botella de Coca Cola. Una botella de cristal identificable; nada más verla, la asocias a la marca, y que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo.
La web Coca Cola Europacific Partners comenta algunas curiosidades sobre este envase emblemático.
La primera de ellas es que estas botellas se ponen en funcionamiento en 1915, fruto de un concurso que la empresa convocó entre diseñadores y fabricantes de envases de EE.UU. El concurso lo ganó Root Glass Company de Terre Haute, una empresa de botellas de Indiana. Las bases del certamen especificaban el objetivo que se perseguía. Un envase que se pudiera identificar a simple vista, sin necesidad de mirar la etiqueta y que se pudiera reconocer incluso en la oscuridad.
Muchas de las botellas de Coca Cola, sobre todo las más emblemáticas, están serigrafiadas, no llevan etiqueta de papel. La razón de ello, es que eran botellas retornables. Igual que sucedía con las botellas de cerveza, los distribuidores las servían a los bares por cajas y las recogían vacías. Tras una limpieza en la fábrica de embotellado, se volvían a rellenar. La ausencia de una etiqueta de papel abarataba costes y permitía una reposición más rápida.
Las botellas originales de Coca Cola estaban pensadas para la hostelería. Era su principal punto de venta. Cada botella permitía alrededor de 25 usos. Es decir, se podía rellenar hasta en 24 ocasiones.
La venta en este tipo de establecimientos también influía en su tamaño. La capacidad de las primeras botellas era de 19,2 cl. El tamaño estándar de una consumición en un bar. El equivalente a un quito de cerveza.
A partir de los años 50, en que la Coca Cola se populariza para preparar combinados, se crea la botella de 29,5 cl. Algo más pequeña que una botella de un tercio de litro.
Eran botellas diseñadas para durar, con un cristal que toleraba los golpes. Tanto es así, que en la II Guerra Mundial, el presidente norteamericano Roosevelt autorizó su aprovisionamiento al ejército norteamericano, repartido por medio mundo. Una decisión que contribuyó a aumentar su fama internacional.
El recurso de la serigrafía.
Nos consta que algunas marcas andaluzas de aceite de oliva virgen extra de calidad suprema como Alma Oliva, Knoolive o La Maja serigrafian sus botellas en Serijerez, una empresa de Jerez de la Frontera que se dedica a la decoración industrial de vidrio y también son expertos en la serigrafía de copas. Las llamativas botellas de aceite hacen que sean bonitas hasta para exponerlas en una repisa, aunque estén vacías.
El serigrafiado es una técnica de impresión, aplicable al cristal, en el que puedes personalizar objetos con logotipos y diseños, convirtiendo un envase en un artículo único.
Esta técnica aumenta la calidad del producto final, ya que se presenta en un envase especial, cuya decoración resiste al paso del tiempo. No es una etiqueta de papel que se termina desprendiendo.
Lo vemos continuamente en las estanterías de los supermercados. Estuches de licores compuestos por una botella de edición especial, acompañada de una copa firmada con el nombre de la marca. Un objeto atractivo para los amantes de los productos especiales y que te da la opción de coleccionarlos.
La serigrafía de los envases es un recurso interesante para que las empresas difundan su marca y para dar una imagen de calidad superior, que les diferencie de la competencia.
Esta técnica de marketing, puesto que no deja de ser marketing comercial, les hace a las empresas llegar a un público al que no le importa gastar dinero si saben que lo que están comprando es bueno y diferente.
El packaging sostenible.
El packaging es un conjunto de acciones que se refieren al diseño y producción de envases y embalajes. En los últimos años, ha adquirido una dimensión promocional, de marketing.
Cualquier producto entra por los ojos, se vede por la vista. De poco nos sirve que lo que estamos vendiendo sea de calidad si lo presentamos en un envase rudimentario, vulgar. Si un fabricante no cuida el envoltorio, está transmitiendo la imagen de que no cuida el producto. Por lo tanto, no va a resultar interesante para el consumidor.
La marca se difunde con el envase. Lo hemos visto en el ejemplo de la Coca Cola. El logotipo, los colores corporativos y hasta el mensaje de la marca está presente en el envasado y en el empaquetado. La forma en la que se presenta el producto, es lo que en primera instancia lo diferencia de la competencia y permite identificarlo al consumidor.
El packaging también transmite la filosofía de la empresa. Un envoltorio moderno, como pueden ser las botellas de diseño, refleja que es una marca actual, orientada a un público joven y dinámico. Mientras que un envasado más clásico va dirigido a otro tipo de público.
Utilizar embalajes que se pueden reciclar, y que en ocasiones están fabricados con material reciclado, expresa el compromiso que tiene la empresa con el cuidado del planeta. Una práctica que conecta con la sensibilidad de una parte de los consumidores.
Si el envase, además, es reutilizable y práctico, como lo hemos visto en los envases coleccionables de los que hemos estado hablando, dan una imagen de durabilidad y permanencia que sobrepasa al producto y se integra, en cierta manera, en nuestra vida.